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Acto por el CCXXX Aniversario
del Natalicio del General José Félix Ribas
Panteón Nacional – Caracas
Lunes, 19 de septiembre de 2005

Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Tomen asiento por favor.
Quiero decir unas fuertes palabras, saludando desde aquí, desde este recinto sagrado, el Panteón, tierra de los dioses, casa de los dioses, pues realmente para nosotros casa de Dios, casa de los héroes y de los mártires de la Patria, casa de los mártires. Especial saludo al presidente de la Asamblea Nacional, presidente del Tribunal Supremo de Justicia, al Defensor del Pueblo, al presidente del Consejo Nacional Electoral, al Contralor General de la República, al Vicepresidente Ejecutivo, a todos los ministros, las ministras y altos funcionarios del Gobierno Revolucionario, a su Excelencia el Nuncio Apostólico de Su Santidad y Decano del Cuerpo Diplomático y a todos los excelentísimos embajadores que nos acompañan hoy, a los generales y almirantes integrantes del Alto Mando Militar, a los muchachos de nuestra Orquesta Patriótica Infantil y Juvenil, a su maestro Abreu, nuestro maestro; a todos quienes han venido a acompañarnos, al Coro de las Voces Blancas, al coro que nos acompaña hoy, a todos, Alcalde Mayor, Alcalde de Caracas, un saludo muy especial a todos; y unas reflexiones desde el Panteón, jóvenes estudiantes, líderes estudiantiles, profesores universitarios; aquí estamos, allí las cenizas del Padre Libertador, el del Juramento aquél, el del sueño aquél, el quijote aquél, el “alfarero de repúblicas” como alguien lo ha llamado, mártir de esta patria: es Simón Bolívar, uno de los primeros mártires junto con Guaicaipuro, Miranda, Sucre, Ribas, Luisa Cáceres, rendimos tributo especial a nuestros mártires, muchachos.
Hay niños aquí, hay jóvenes aquí, a ellos especialmente estas reflexiones para que se alimenten el espíritu, se alimenten en este sitio sagrado de los mártires, donde descansan los mártires de esta Patria.
Aquí trajimos hace ya unos dos años, de manera simbólica así como hoy, las cenizas de Guaicaipuro, el mártir primigenio, uno de los primeros, otro mártir al que hay que recordar aquí siempre, junto con los indios de Guaicaipuro que resistieron la invasión imperialista, el atropello a esta tierra, regaron su sangre defendiendo la soberanía sagrada de esta tierra, ante la invasión imperialista, ante la pretensión hegemónica dominante, que desde hace siglos amenaza a los pueblos, masacra a los pueblos, atropella a los pueblos, son siglos de batalla. Ya Cristo se enfrentó también al imperialismo, y ese es otro de los grandes mártires de nuestra historia: el Cristo antiimperialista, el Cristo rebelde, el Cristo que nació entre los pobres y murió por los pobres, el Cristo que dice: “…más fácil será que un camello pase por el ojo de una aguja, a que un rico entre al Reino de los Cielos”. El Cristo que vino a traer la buena nueva de la igualdad, de la libertad y el rey de la justicia y del amor entre nosotros.
Le rendimos tributo aquí al Cristo Redentor, crucificado y resucitado. Rendimos tributo a Guaicaipuro, rendimos tributo a José Leonardo Chirino, el negro mártir, rendimos tributo a todos ellos en este día memorable en el cual por iniciativa popular, –y esto vale la pena resaltarlo– iniciativa juvenil, iniciativa militar, iniciativa de esta Revolución que se alimenta desde abajo, como debe alimentarse toda Revolución verdadera, las iniciativas de los pueblos del llano, del pueblo de Tucupido, de los llanos del Guárico; de los pueblos de aquí del centro del país, de La Victoria, los estudiantes de la universidad Rómulo Gallegos, del Tecnológico de La Victoria; el Jefe del Ejército; por ahí me llegó la recomendación de traer de manera simbólica a José Félix Ribas al Panteón Nacional, hemos traído tierra de Tucupido, esa tierra llana donde fue asesinado vilmente el vencedor de los tiranos.
José Félix Ribas fue un niño rico y esa es otra idea que hay que resaltar, muchachos, ustedes sobre todo, a ustedes sobre todo va este mensaje, porque de ustedes será el futuro, así hablábamos al mediodía allá en Mariara a un grupo de jóvenes, muchachos, algunos casi niños todavía, del Liceo Bolivariano que inauguramos allá, inaugurando con ellos el año escolar 2005-2006. No hay nada más importante que la educación integral de nuestros niños, de nuestros jóvenes, no hay nada más importante que eso, nada es más importante que la atención esmerada e integral para nuestros niños, para nuestros jóvenes porque ellos son el futuro aquí con nosotros, ellos son el alma de la Patria.
También reflexionábamos con ellos y para ellos sobre todo, porque nosotros estamos en una transición, nunca lo olvidemos; los que ya tenemos más de 50 como yo y muchos más, los que ya tenemos más de 60, o tienen, o más de 70, o más de 80, nosotros somos parte de la generación que se va y a nosotros nos bombardearon con mil vicios y mil venenos, y muchos de ellos los tenemos por dentro, ¡no transfiramos esos venenos a la juventud que se levanta!, hay que hacer un esfuerzo supremo para romper muchas antivalores, antivalores de generaciones que se visten de tradición, una cosa son las tradiciones de un pueblo, sanas tradiciones que nunca se ponen viejas y otras cosas son los vicios del burocratismo, los vicios contrarrevolucionarios que los tenemos por dentro de nuestras instituciones, y por dentro de nosotros como individuos. Razón tenía Sartre, vuelvo a repetirlo, cuando dijo aquello de que: “Sólo la juventud tiene la pureza necesaria para hacer una revolución…” Ustedes lo harán muchachos, ustedes lo harán, ya lo están haciendo, nosotros abriremos este camino con lo que podamos y hasta donde podamos, pero es de ustedes el futuro, es de ustedes la victoria, es de ustedes la Patria.
Aprovecho este día, día del natalicio de José Félix Ribas para romper los tradicionales esquemas protocolarios en este recinto, necesario es romperlos, si no los rompemos estamos como muertos por dentro; si nos dejamos atrapar por las flores de las coronas y los signos que suenan bonito, por supuesto, si nos dejamos atrapar por el esquema tradicional, protocolario, impuesto por la IV República, estaríamos muertos, yo al menos jamás me dejaría atrapar; sacudiré siempre desde mi alma los esquemas tradicionales que marcaron otra época pero que todavía nos amenazan. Estamos en plena transición, decía Antonio Gramsci: “Lo que ha de morir no ha terminado de morir, y lo que ha de nacer no ha terminado aún de nacer…” De eso debemos estar conscientes todos los días y sobre todo los que tenemos responsabilidades, porque si no nos damos cuenta, si no tuviéramos la fuerza suficiente de la conciencia, la amenaza de la contrarrevolución crecería, seguiría amenazando desde dentro de nosotros mismos a este bello proceso del cual depende la vida de nuestro pueblo.
José Félix Ribas, por ejemplo, dio una demostración suprema de desprendimiento, excelencia, nació en cuna de oro aquel niño. Igual que su sobrino político años después –Simón Bolívar fue sobrino político de José Félix Ribas–, aquí mismo nacieron, aquí, y fueron creciendo, José Félix nació en 1775, era ocho años mayor que Simón, y fueron los niños ricos de la Caracas de aquellas décadas finales del siglo XVIII; esta era una Iglesia, sigue siéndolo, claro deberíamos hacer una misa de cuando en cuando. Esta es una iglesia, aquí bautizaron a Bolívar, y aquí venían los mantuanos con sus mantas –y de allí el nombre mantuanos– y las mantuanas a orar; y los esclavos por allá gimiendo en sus cadenas: era el imperio, era el coloniaje, y los que se rebelaban eran picados en pedazos, a veces a nombre de Dios. Al negro José Leonardo le picaron los brazos, las piernas y la cabeza; y colocaban los pedazos para escarmiento, y a veces incluso algunos perversos sacerdotes decían a los esclavos, a los negros y a los pardos, que era Dios el que había decidido que ellos fueran esclavos, que ellos fueran pobres, pero que sólo cuando muriesen y pasasen al otro mundo entonces tendrían entrada garantizada a la felicidad.
Yo he dicho, Excelencia; cristiano y crístico como me siento, que cuando Cristo dijo “…mi Reino no es de este mundo”, no se estaba refiriendo, como algunos han malinterpretado, a que hay otro mundo más allá de las nubes: ¡no existe! Ya lo hubiesen visto los telescopios o las naves espaciales. Juan Pablo II lo dijo, que en paz descanse Su Santidad. No, es que no hay otro mundo físico más allá de las nubes, con columnas y casas y campos verdes, ¡mentira!, ¡no!, es otro mundo el espiritual, que trasciende lo físico. Pero cuando Cristo dijo: “…mi reino no es de este mundo”, yo así lo interpreto, y me siento seguro de esa interpretación, dijo algo parecido a lo que Bolívar dijo muchos años después, cuando se dio cuenta de que su proyecto de revolución social, de igualdad social, de liberación de los esclavos, de educación para todos, para niñas, para niños, para blancos, para negros; de reparto de tierras para los pobres, para que los campesinos sembraran, de acabar con la manumisión esclava, etc., de unir nuestras repúblicas del Sur: Venezuela, Nueva Granada, Ecuador, Perú, y formar la Gran Colombia; de unir en el Congreso de Panamá a la Gran Colombia junto con Centroamérica, México, incluso el Reino de Brasil que era un reino en ese tiempo; para luego buscar el equilibrio del universo. Bolívar, sospechando que aquello era imposible en aquel momento dijo: “Lego mi código a la posteridad, mis angustias vivirán en el futuro…”. Creo que fue lo que quiso decir Jesús el Redentor cuando dijo: “Mi reino no es de este mundo”, de ese tiempo, pero vendrá ese reino algún día en el futuro a este mundo, a ese mundo futuro. Esa es la misma lucha que hoy estamos dando, no es otra, no es otra, es la misma lucha: la injusticia, la desigualdad, el atropello de los poderosos –que son los menos– contra los pobres y los explotados que somos los más en esta tierra, y de ahí los mártires que sacrifican hasta su vida, como Cristo, por los demás y por las luchas y por el ejemplo, y se hacen inmortales, y hay que rendir tributo a ellos por los siglos de los siglos, porque como lo dijo otro mártir, Ernesto Guevara, un día: “El revolucionario ocupa el escalón más alto de la especie humana…” Cristo lo fue, el revolucionario verdadero, hace lo que hace por amor, pero puro amor ¿saben? Crudo amor por los demás, por la Tierra, por el pasado, por el presente y por la utopía, por el futuro que aún no llega y que no existe y por ese amor el revolucionario verdadero es capaz de morir y convertirse en mártir cual Cristo, cual José Leonardo, cual Atahualpa, cual Tupac Amaru, cual José Félix Ribas, y José Félix entonces nació rico, decía yo, igual que Simón, y se levantaron aquí en esta Caracas, recibieron educación especial ellos, tenían educación especial. Cuentan que aquel día de mayo de 1799 cuando muy cerca de aquí, ahí en la Plaza Mayor el imperio ejecutó a otro de los mártires, a esos mártires que debemos llevar en el corazón, en el alma y debemos hacerlos vivir en nosotros y vivir en la Patria, no están muertos, su sacrificio es vida eterna en nosotros, en nuestros hijos, en nuestros descendientes.
José María España. José María España fue ejecutado aquí en la Plaza Mayor, un día de mayo de 1799, tenía José Félix Ribas 24 años. Dicen que llegó a caballo José Félix, era mantuano, era rico, llegó en su caballo a mirar y vio la ejecución de José María España, por haberse atrevido a levantar una rebelión contra el gobierno imperial junto con Manuel Gual allá en La Guaira, y Simón Rodríguez, aquel joven maestro que andaba por aquí enseñando niños, inyectándoles la Patria en el alma. Dicen que cuando ahorcaron a José María España, el joven mantuano José Félix Ribas picó espuelas y salió al galope y pasó por la esquina de la casa de Simón Bolívar y dijo: “Viva la Patria”, “Viva la República”.
A los pocos años se encendió la Revolución en estas tierras, a los pocos años, hace 200, exactamente por estos días, llegó por las costas de Ocumare y por las costas de La Vela, un quijote en unos barcos, tenía ya el cabello blanco, había sido soldado, espada en mano había combatido contra el imperio inglés en la Independencia de Estados Unidos de Norteamérica, espada en mano había combatido contra los ejércitos realistas y contrarrevolucionarios en la Francia Napoleónica, todavía revolucionaria, cuando la Revolución Francesa se debatía, ahogada en sangre, para ser finalmente derrotada por la contrarrevolución y las monarquías de Europa que se unieron todas contra el pueblo francés.
Y con tales gritos, que espantaban y siguen espantando, a muchos oligarcas en el mundo, a muchos contrarrevolucionarios en el mundo, a muchos insensatos en el mundo, aquellos gritos: “¡Libertad, igualdad, fraternidad!”. José Félix Ribas se unió inmediatamente a la causa revolucionaria con Francisco de Miranda; José Félix Ribas se unió a la Sociedad Patriótica y era de los más encendidos oradores aquel muchacho, junto con Simón Bolívar, otro muchacho, se unieron a Miranda; ellos tres eran como las columnas fundamentales, eran los incendiarios del valle, gloria sería aquél joven mantuano revolucionario, que la propia Junta Patriótica le mandó al exilio: ¡no lo aguantaban en las calles de Caracas!, lo mandaron a Curazao, le expatriaron de la Junta Patriótica, claro él era uno de los que decía que no es que vamos a conservar los derechos de Fernando VII, porque habrá que recordar que la Junta, corrijo, no fue la Junta Patriótica, fue la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII, es decir la Junta de Gobierno; él formaba parte de la Sociedad Patriótica. Cuando llega Miranda y entonces la balanza se inclina a favor de los revolucionarios, de los independentistas, es que regresa, ayudado por Bolívar que tenía gran influencia sobre Miranda; José Félix Ribas, regresa de Curazao y entonces comienza la guerra y comienza a destacarse aquel hombre, no sólo en la batalla política sino en la batalla militar, el Generalísimo Miranda lo nombra Comandante de Armas de Caracas, fue el primer Comandante de Armas que tuvo la ciudad capital de la provincia de Caracas, era audaz, era experto en la guerra asimétrica. Todas las batallas que ganó tienen una característica: siempre José Félix Ribas tenía menos hombres que el enemigo, pero el valor, el coraje, la moral de aquel hombre, su inteligencia táctica y estratégica impulsaban aquel pueblo a la victoria, el vencedor de los tiranos, José Félix Ribas, incluso hay una carta de Miranda donde reconoce y felicita a aquel joven, ya Coronel, por su desempeño en la defensa de Caracas, luego brillaría su estrella militar y política en la Campaña Admirable: Niquitao, Los Horcones, ahí quedó para siempre su huella, y todavía deben resonar sus gritos de batalla: “¡Muchachos, a la bayoneta….! Era su grito final, y causaba espanto en las tropas imperialistas de la España de entonces. Y luego la caída de la Primera República, y luego la caída de la Segunda República, luego las divisiones internas, él fue uno de los que desconoció la autoridad de Simón Bolívar, junto con Piar y Bermúdez, se dividieron las fuerzas, ¡cuánto daño hizo aquello!, cuánto daño hacen siempre las ilusiones que confunden a mucha gente, creo que José Félix Ribas se confundió y siguió; por supuesto alguien dijo también que las derrotas no tienen padre: cayó la Segunda República y le echaron la culpa a Bolívar, no era culpa de nadie en lo individual, seguramente cometieron errores, Bolívar también los cometió. Pero José Félix era un impetuoso, desconoció la autoridad de Bolívar.
Su última gran batalla fue la defensa de Maturín, casi sin armas, sin municiones, no pudo salvar Maturín de la embestida realista, Bolívar se había ido a Las Antillas, él había cañoneado a Bolívar, lo cañoneó, le tiró una bomba pues, unas balas de cañón a un barco donde venía Bolívar, era bastante dura la pelea entre los patriotas, la división; Bolívar pasó días muy duros, él mismo dice que pensó en quitarse la vida, fueron años terribles, 1814, 1815.
Bueno, José Félix Ribas se fue al monte con una patrulla y se escondió en los altos llanos, pero fue capturado por los realistas, comenzando el año 1815, allá en Tucupido, en esa tierra llana, y de inmediato la decisión fue terrible: decapítese, José Félix Ribas usaba el gorro frigio, era un revolucionario radical. No es ni puede ser coincidencia, señor presidente y diputado Nicolás Maduro, que aquél hombre fue diputado al Congreso de 1811, pero fue diputado por los pardos, defendía la igualdad social, diputado por los pardos; el primer batallón, señor ministro Maniglia, señor Inspector de la Fuerza Armada, señor Jefe del Ejército; el primer batallón de combate que se organizó en Venezuela lo organizó José Félix Ribas: era el Batallón Barlovento, ese batallón fue invencible y fue precisamente con el que él aseguró a Caracas, y dado su valor y su espíritu de combate Miranda lo designó Jefe Militar de la Provincia –como ya dije hace un rato; diputado por los pardos, el gorro frigio, Batallón Barlovento, “¡muchachos, a la bayoneta!”.
La Victoria: “No podemos optar entre vencer o morir: necesario es vencer, ¡viva la República!”; no podían perdonarle la vida los imperialistas: lo decapitaron, su cabeza freída en aceite la expusieron allá en la Puerta de Caracas varios años, con el gorro frigio, para escarmiento de los rebeldes.
Sin embargo, nada de aquello detuvo la Revolución de Independencia, cuando un pueblo despierta y decide ser libre, lo es, por encima de cualquier imperio, de cualquier agresión, de cualquier amenaza.
Hoy rendimos tributo, pues gracias a ustedes, muchachos; gracias al pueblo de Tucupido, al pueblo de La Victoria, gracias al Ejército Nacional, a la Fuerza Armada Nacional que reconoce en José Félix el líder eterno de juventud eterna, líder eterno de soldados eternos.
Nunca aparecieron sus restos, pero no nos importa, sus restos se regaron por la Patria y hoy están vivos comandando esta batalla; ya lo has dicho tú muchacho revolucionario, muchacho puro, juventud pura y heroica: “No podemos optar entre vencer o morir…”, sigue gritando José Félix Ribas “…necesario es vencer”. ¡Que viva la República! Muchas gracias.
Asistentes Aplausos.

 

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